Cuidar la red que nos sostiene: sobre el lanzón solidario que impactó en el Tchad

Una potente red de personas comprometidas impulsa y sostiene las actuaciones de Fundación Picarral, incrementando y extendiendo su impacto positivo en favor de quienes enfrentan situaciones difíciles. Las propuestas y el trabajo desinteresado de profesorado, alumnado, voluntariado y otras personas han contribuido a colaborar con el proyecto “Kyabe Avanza” y a que una parte de la población del Tchad tengan acceso al agua.

Fundación Picarral siempre se ha preocupado por ofrecer una formación de la mejor calidad posible, combinando el rigor profesional con la formación en valores y para la ciudadanía. El Grupo de Solidaridad de Fundación Picarral colabora activamente en esa mejora de la oferta formación de la entidad. Entre otras actividades, ayudan a dar a conocer otras culturas y realidades al alumnado que se forma en Fundación Picarral.

El pasado mes de marzo, gracias a la participación del Grupo de Solidaridad en el contexto del proyecto Nuestro Patrimonio Común, alumnado y profesorado de la Escuela de Hostelería TOPI pudieron acercarse a la situación en la que vive parte de la población del Tchad y conocieron el proyecto “Kyabe Avanza”. Con ello también tomaron conciencia de algunas necesidades y dificultades que enfrentan para poder acceder a recursos básicos, como el agua.

Enfrentados ante esta injusta y desafiante realidad, profesorado y alumnado de la Escuela de Hostelería TOPI generaron una iniciativa para contribuir a mejorar las condiciones de vida de una parte de los habitantes de Kyabé (Tchad). La iniciativa consistía en aportar desinteresadamente conocimientos y saber hacer profesional para elaborar uno de los típicos postres de Aragón: el Lanzón de San Jorge.

Con los imprescindibles ingredientes de la cooperación y solidaridad, se consiguieron elaborar más de doscientos Lanzones. A partir de este exquisito y solidario producto, y gracias a la colaboración en su venta del Grupo de Solidaridad, se ha conseguido recaudar una buena cantidad de dinero con el que se podrá sufragar, al menos, parte de la instalación de bombas solares para extracción de agua en Kyabé. Probablemente, pocas veces nuestro paladar saboreó con tanto gusto esta rica síntesis de altruismo y apoyo mutuo, a través de la cual se conseguía hacer un poco más cómodo el día a día de personas que viven situaciones difíciles.

Esta iniciativa es producto de la desinteresada intervención de una amplia red de personas, donde juega un papel fundamental el Grupo de Solidaridad de Fundación Picarral. Se trata de un grupo de voluntarios y voluntarias que aportan una mirada coherente con la idea de la ciudadanía global, promoviendo con su intervención la generación de conciencia crítica y favoreciendo la construcción de una sociedad comprometida con la solidaridad. Así, además de informar y sensibilizar sobre realidades injustas que se viven más allá de nuestro contexto inmediato y de la propia sociedad occidental, son especialmente sensibles a la identificación de necesidades concretas y el tejer redes diversas para dar respuestas a las mismas.

Fundación Picarral está vinculada de una forma muy estrecha con el proyecto “Kyabe Avanza”, una serie de iniciativas en diversos campos de desarrollo local llevados a cabo en la población de Kyabe, en el sur de la República del Tchad. Parte de los proyectos desarrollados allí tienen que ver con la formación de líderes agrícolas en el proyecto de Tatemoë, el mantenimiento de un instituto politécnico donde se forma a jóvenes en diferentes ramas profesionales o proyectos contra la mutilación genital femenina. Un amplio espectro de intervenciones con las que se espera aportar, modestamente, en favor del disfrute de los Derechos Humanos por parte de toda la población de este territorio.

Esta experiencia de los lanzones solidarios muestra la vitalidad de la comunidad educativa de Fundación Picarral y su capacidad para aportar en la construcción de un mundo más justo. Si el pasado mes de marzo, en colaboración con otras entidades, se consiguió hacer llegar a este remoto lugar ‑desde nuestra perspectiva‑ un contenedor con, entre otros materiales, más de cincuenta ordenadores que el voluntariado de Fundación Picarral puso a punto y embaló para su envío; tras la llegada de este contenedor se tuvo conocimiento de la necesidad de financiación para la instalación de esas bombas solares para extracción de agua. Una necesidad que fue cuidadosamente oída por parte del Grupo de Solidaridad y de la que, más tarde, cobró conciencia el profesorado y alumnado de nuestra entidad.

La suma de diversos talentos y voluntades, de la imaginación y la implicación de toda esta comunidad de Fundación Picarral es su fortaleza. Gracias a toda esa red heterogénea conformada por voluntariado, alumnado, profesorado y resto de la plantilla de Fundación Picarral, así como la diversidad de personas que sienten nuestra entidad muy cercana, se ha conseguido ofrecer un valioso apoyo en la búsqueda de respuestas a cuestiones concretas y muy necesarias, posibilitando educar en valores a través de la propia acción, una forma de solidaridad en acción.

Fundación Picarral surge del compromiso ético y ciudadano con aquellas personas que viven situaciones de injusticia. Este compromiso fue el motor que impulsó la puesta en marcha de proyectos sociales, educativos y empresariales para la transformación de nuestro contexto más cercano. En estas casi cuatro décadas de andadura, ese mismo compromiso también nos ha llevado a expresar nuestra solidaridad con personas que viven en lugares físicamente distantes, lugares en los que sus necesidades básicas, con frecuencia, no son fácilmente atendidas. Continuar abriendo espacios, tejiendo redes y ofreciendo posibilidades para vivenciar los valores que orientan todas nuestras actuaciones es también parte de nuestro compromiso.

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